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martes

Volvió el insomnio de verano sólo que en otra época no tenía que teletransportarme a una oficina en microcentro a las 8.30 am. Así que a tan solo una hora de despertarme S totalmente drogado en una ventana de chat me pregunta a que sabían los postrecitos Fity. A gloria y droga, sabían, como todo en esta vida.
Esta semana fui todo lo que vengo evitando ser desde los 16, cuando me eduqué en la escuela del hielo de las relaciones en la que es totalmente normal estar frustrada y llorando un viernes a la noche en vez de encarar el problema. Y con encarar el problema me refiero a no hacerlo y meterme adentro de una bañera mientras Gwen Stefani canta cosas sobre querer casarse a los 22. Por si al público le interesa, sí, me desmayé porque eso es lo que suele pasar cuando te metés en una bañera caliente con 40 grados centígrados de calor. Guioname la vida. Y la pelotudez.
Los demás aspectos de mi irrelevante vida van bien. Sigo sin afrontar los problemas. Mi mamá me cuenta que cortó el pasto, que el perro se escapó tres veces y que le hizo una torta a alguien que no soy yo, me aconseja que tome valeriana y que vaya a terapia; Matías sigue sin contestar ningún mail, mi hermana soltó un tenemos que hablar, la gata hizo pis arriba de mis sábanas preferidas y mi novio me analiza mi película preferida de Almódovar mientras me da besos en el cuello.

lunes

Me acuerdo de boludeces como cuando me preguntó por mis manos frías mientras dibujo corazones en un cuaderno cual quinceañera en celo. Ayer S me hizo llorar porque fue la única persona capaz de poner en palabras lo que me pasa y lo que me pasa es tan asquerosamente forro y pelotudo que también lloro por eso. Y como realmente el universo se la come, hoy, el peor lunes de la historia me desperté cantando A la la la la long. Qué canción de mierda. Qué vida de mierda. Cuando mi memoria adolescente llegó al tercer I´m lookin´in your big brown eyes me hice un té y me encerré a llorar en el baño del trabajo.
Siempre me pongo contenta cuando el colectivo entra en Buenos Aires y empiezo a ver los edificios al costado de la autopista. Cada día siento que mi vida está más guionada y musicalizada por las 69 canciones de amor de Magnetic Fields. El otro día me acordaba cuando escuchaba Jack Johnson y horneaba galletitas y también me acordé de una historia que me hizo llorar pero que a los cinco minutos olvidé. Ayer ví diez capítulos de Gilmore Girls al hilo y con cada taza de café que Lorelai tomaba yo tomaba un trago del mío y terminé llorando con el "-I really really like you Max Medina -I really really like you Lorelai Gilmore". Después Rory la abrazó exctamente igual que como yo abrazo a Clau cuando está triste y seguí llorando una hora más. Domingo, te odio.

sábado

El  otro día sentí el mismo olor que tiene mi mamá; me angustié como siempre pero solo que en vez de llamarla llorando como cuando veo accidentes y Golden Retrievers por la calle, me compré un alfajor. Rory Gilmore estaría orgullosa. Buenos Aires sigue siendo un puto caos y yo sigo viviendo en microclimas generados por la manzanilla y los libros de  Murakami. Mi más reciente ex mejor amigo (strike 2) se fue de la habitación de al lado pero ahora tengo un roommate que es fanático de las películas malas de Barbra Streisand, de los musicales y de nombrar Olvido Gara Jova a nuestro próximo gato. Tengo un colchón nuevo que en realidad no es tan nuevo y que por razones obvias tuve que desinfectar. Realmente en este momento solo tengo en claro que tengo tendencia a engordar y a terminar literatura sentimentalista en el transporte público mientras vuelvo a casa. Batí mi propio récord y he logrado enamorarme y desenamorarme de la misma persona 9365522210 veces en menos de 10 meses. Menos mal que para plasmar todo lo que yo no puedo hacer acá está Best Coast. Matías estaría orgulloso de mi.

martes

Como me gusta tener regresiones todo el tiempo, sufrir un 90 por ciento más de lo estipulado y llegar a conclusiones absurdas a las dos de la mañana caí en la cuenta de que en casi 20 años de vida ninguno de los pibes con los que salí estuvo enamorado de mi. No lo digo en plan "soy fea nadie me quiere nadie estuvo enamorado de mi" porque eso lo dejé a los 12 años junto con mi primera menstruación. Lo digo en serio. Lo digo como conclusión de que solo salí con cuatro personas en mi vida, de las cuales de los cuatro no rescato nada más que el material para escribir pelotudeces en este blog de mierda.
Durante cuatro adolescentes años creí que mister bipolaridad estaba perdidamente enamorado de mi porque es lo que pensás cuando tenés 16 y un pelotudo de veintipico te dice hermosa y que te ama. Casi cinco años después caigo en la cuenta de que mister bipolaridad era pura bipolaridad y que lo único que compartimos fue el amor por los diálogos de Kika. De esto me di cuenta hace dos semanas, cuando eran las ocho de la noche de un sábado y lo acompañé a la parada de colectivo para que se aleje de mi vista baby. Por suerte con pibequenofué dejamos de vernos antes de que alguno de los dos se enamorara porque eso hubiera sido un bajón que solo pasa en las películas malas que me gustan a mí. Y lo digo de la manera más adulta y madura posible, eso pasa cuando no compartís nada más que el amor por los mojitos y la legalización del aborto. Después de eso aprendés que cuando un pelotudo se ríe de tus chistes, dice que lo calentás, le gustan tus tetas y no salgo con chicas más chicas, darling no es amor . Y que el amor no existe y lo inventaron los publicistas para vender medias. Osea que hace 19 años que me esfuerzo al pedo,  qué mundo del orto.

viernes

BBK

Cuando yo tenía 14 y hermana sista 12, fuimos a nuestro primer recital solas. Tocaba boom boom kid y aunque a mi me gustaban bastante, hermana no los conocía. El recital era a las ocho de la noche en un barcito medio copado que había en el sur, a mi viejo no le cabió la idea de que vayamos solas con dos amigas así que nos acompañó el hijo de un amigo que se estaba quedando en casa. Seguramente esa noche estábamos peleadas, como casi todas las noches cuando yo tenía 14 y ella 12; con mis amigas nos compramos un trago y ella se enojó porque era mucho más chica para tomar y después se volvió a enojar cuando el hijo del amigo de mi viejo nos convidó cerveza y a ella no. Sacando eso, en el recital estuve al lado de la barra con mis amigas y ella, dos años menor, una enana de 12 sin tetas; metida en el pogo. No hablamos de nada esa noche pero cuando volvimos a casa, me preguntó cual era esta canción. Mucho tiempo después, cada vez que escucho I do me acuerdo de ella, con el pelo largo en medio de la gente alucinada por ver a Nekro arriba de una tabla de surf, y supongo que ella también la escucha cada vez que me extraña y quiere llorar.

jueves

Hoy tenía el pelo lindo así que decidí ordenar, pintarme los labios e ir a trabajar. Hoy también pasé por la cafetería donde mi mejor amigo dejó de serlo, dos hippies tocaron Garota de Ipanema dos veces en el subte,  me compré un postrecito Shimy para cenar, un frasco de café y decidí dejar de ponerme mal por la gente que no es. Igual esto último no tanto, porque ahora pongo alguna de esas bandas que te hace mierda y me ves acá al lado de la computadora esperando algo. Creo que tengo que dejar de llorar en cafeterías.

lunes

Creo que todo se resume en que a veces extraño esa sensación que te agarra cuando te sentís querida entonces recurro a escenas mentales con cualquiera de los pelotudos que encabezaron mi año, me deprimo tres horas seguidas, me tomo un ibuprofeno y se me pasa.  Una vez era septiembre a las once de la mañana, yo volvía con un hematoma en el cuello y los borcegos desatados, había gente paseando sus caniches y chicas con polleras de modal caminando descalzas, ahí me acordé que capaz que no estaba tan mal ser una forra insensible; lo dije para cuatro meses después cagarme en todo, porque a eso me dedico. Tres veranos antes de eso teníamos 16, le rendíamos culto a Luca Prodan y con jujú nos creíamos re capas por hacernos las veganas y tomar té frío con arroz, o presumir de drogarnos con desconocidos en cualquier lado. Porque es eso, acordarme de esas irrelevancias. Y llorar en todos los bares de la calle corrientes. Una semana en la playa me volvieron un ser más intolerante, con más ganas de encabezar todos los clichés del mundo pero dejar de hacerlo con los protagonistas de mis escenas mentales. No sé, me puse un vestido dorado y decidí que este año seré alcohólica. Te la remo el año que viene, este ya me cansé.

jueves

Ooh get me away from here, i´m dying, esto y de repente estoy en octubre del año pasado. Me duele el oído y como no había demasiado drama en mi vida, el lunes decidí que era re buena idea no comer durante 36 horas -no, no soy una aberración de Cielo Latini, las anginas me sacan el apetito- y así de la nada perdí la conciencia en un 24 atestado de gente. Me desperté tres minutos después sentada en un banquito de Diagonal norte con roomate y su mejor cara de pánico queriendo comprarme caramelos y decirme que todo iba a estar bien. No me digas Willis. Ahora me llama cada seis horas para preguntarme si comí. Lo bueno de todo es que digamos que no soy una persona tan mediocre y ceno milanesas de soja y promociono materias con nueves y dieces porque Clau una vez me dijo que soy linda e inteligente. Y sigue sonando Ooh get me away from here i´m dying y no, nada.

lunes

Me gusta caminar por Caballito los sábados a las dos de la madrugada porque hay olor a flores por todos lados. Hace dos días que estoy adentro de la cama con 50 grados de fiebre, delirando y  justo al portero de mi edificio se le ocurrió cortar el agua solo en mi departamento. Karma no sé que te hice pero sos un reverendo hijo de puta. Hace treinta horas que no ingiero ningún tipo de alimento y roomate tuvo la gentileza de equivocarse y en vez de ibuprofenos comprarme Paracetamol. 12 horas antes, me convertí en esas personas que hacen desayunos y que comen cosas con albahaca. El jueves volvía del trabajo y en el subte, se me sentó enfrente un señor igual a Pedro. Era el año 2005, todavía vivíamos en España y mi hermana se acababa de quemar el gemelo con el caño de escape de una moto tamaño miniatura. Pedro era mi profesor de Lengua y Literatura en 1º año y me enseñaba gentilicios. Se vestía siempre con jeans, campera de jean y botitas de gamuza. Yo lo quería mucho a Pedro porque me hablaba de las obras de Alejandro Casona y de las poesías de Lope de Vega, aunque terminé odiándolo un poco después del tercer "de Valencia es.... Valenciano. Si nació en Portugal es.... Portugués". Creo que mi hermana todavía tiene la cicatriz de la quemadura en el gemelo.

domingo

Porque cada vez que abro la puerta del edificio o que espero el colectivo que me lleve a mi casa a las diez de la mañana pienso que va a ser la última vez. Porque decime, quien podría fumarse más de una vez a una reventada sin sentido del humor y que lo único que hace es tomar tazas interminables de café con leche. Y sigo pensando que es la última vez pero no. No es la última vez. Por esas cosas del destino y de que si dios existe es un reverendo hijo de puta nunca es la última vez, y yo termino idealizando dos semanas antes del próximo encuentro con algún ser irrelevante. Ayer me emocioné mal con una película mala de Ellen Page,  con la escena del baile de Dirty Dancing, y con mi gata cazando un mosquito. No sé que me está pasando, capaz que tiene que ver con cortar el café con ron o con despertarme a las nueve y media de la mañana a preparar una torta de limón.

martes

Un disco de tres pecados,cuatro tazas de café con leche a las 11 de la mañana, una infección urinaria del carajo y veinte hojas de resúmenes para darme cuenta de cosas irrelevantes como que tengo un toc jodido de esos de ordenar las cosas por colores. O que soy la persona más enquilombada del planeta pero para ponerme a estudiar necesito que esté todo acomodado en su lugar y un sahumerio prendido en el comedor. Y me convierto en una de esas personas que necesitan dar un cierre a las situaciones y me dan ganas de saltar de mi ventana en el quinto piso. Matu está por cumplir veinte años y, aún siendo el chico a punto de cumplir veinte años más niño que conozco, me sorprende con su capacidad para ser la única persona capaz de  ponerme en eje diciéndome cosas como que soy una pelotuda o estás hasta la pija lu. Hablo mucho de matu porque, en esta transición a cosas más copadas que es mi vida -si, cla- matu se ha convertido en el único que no me cambió todavía por una pija o que no es un psicótico trastornado que se cuelga a mi timbre a las tres de la tarde. Me lo merezco, tantos años de forrez humana han dado sus frutos, pero yo maduré y me fui a una isla de caramelos llena de arcoiris y unicornios. O a encerrarme en mi habitación escuchando esto mientras tomo un té verde de jazmin. Cuando sea una escritora famosa recordaré los martes a las once de la mañana con la gata arriba de un libro de Auster y la vecina de la bata rosa regando las plantas en el balcón de enfrente, y ese día, seré millones.

miércoles

Porque cada vez soy incapaz para más cosas. Y siempre camino hasta el fondo del andén para ir en el último bajón, pero hoy antes de llegar encontré en uno de esos puestitos de revistas un libro de Benedetti que llevo buscando hace dos años, cuando viajaba los veranos a Buenos Aires y recorría librerías mientras me dejaban plantada a las tres de la tarde. Sigo siendo incapaz de cosas y por ejemplo, no me aguanto el llanto y me largo a llorar en pleno vagón mientras leo Viceversa porque soy hormonalmente inestable. Hoy también me perdí en un shopping y como no encontraba la salida me senté a tomar un café y a calmar mi angustia con un sánguche de pollo. A veces hablo sola y me gusta fingir que hablo por teléfono cuando la gente me mira mal.

lunes

Soñé que me caía de un ascensor. Soñé con el chico que me hablaba en francés. Soñé con la música española de los ochenta. Soñé que cagaba a piñas a una pseudo drogadicta mientras me embarazaba de trillizos. Soñé que era mi cumpleaños y todos se olvidaban. Todo esto en las escasas tres horas que tengo de sueño antes de que el chico con el que vivo lo interrumpa con alguna canción mala desde la habitación de al lado -The Strokes o Soda Stéreo, siempre es Soda Stéreo-. Si sigo teniendo la concentración de un niño hiperactivo de ocho años adicto a los videojuegos me recibiré en el 2026, igual no importa porque dada mi falta de aptitudes para el estudio aprovecho cualquier minuto de no estudiar para pintarme las uñas o depilarme. Porque también me he convertido en todo lo que no era y aparte de dejar de dormir, cambié la literatura basura por un juego de computadora. Y entre medio de las crisis existenciales que tengo cada dos minutos, ayer me encontré dándole a roomate un montón de fundamentos hiper consistentes de mis no relaciones con las personas pero que después mandé al carajo y terminé contradiciéndome, como hago siempre. Lo bueno es que me he desprendido de una gran cantidad de pelotudos que nublaban mi existencia y ahora pinto con óleos mientras escucho Slowdive.

martes

La emoción de los primeros besos o cuando alguien te agarra de la mano, ya no siento eso. El cosquilleo en el estómago cuando una canción te gusta mucho, o el que suene mi celular después de las diez de la noche. Que me digan cosas lindas cuando no lo espero o que un chico me sonría en el colectivo. El placer del café de la mañana o mirarme al espejo y estar linda. Nada. No siento nada.

sábado

Y porque cuando llueve como la puta madre a mi se me da por recorrer toda la puta ciudad buscando pinceles a las nueve de la noche. No señor, no estoy loca, estoy deprimida y necesito canalizar frustraciones. La lluvia me deprime. Estar sola en casa me deprime. No ingerir nada sólido hace nueve horas me deprime. Y para colmo, hay pelotudos en la calle sosteniendo los paraguas de las pelotudas de sus novias. Mejor dicho, hay pelotudos en la calle sosteniendo los paraguas de pelotudas que no soy yo. Y esto me deprime. Me deprime hoy, ahora, porque estoy sola en mi departamento vacío escuchando el mismo disco de Nico hace tres horas, porque mi familia está siendo feliz sin mi, porque mi roomate está lejos con otros amigos que no soy yo y son las nueve y trece minutos y estoy sola. Estoy sola acá y ahora y mi gata no me da bola y me deprimo. Y estoy empapada y me deprimo. Y acabo de gastar quince pesos en un pincel en el único lugar que había abierto en treinta cuadras a la redonda y nadie que no sea mi madre me llama.Y me deprime. Ojo, esto en tres horas y una siesta se me pasa pero voy a seguir estando sola, va a seguir lloviendo como la puta madre, voy a seguir encerrada en mi departamento ingiriendo sopas quick y pintando cuadrados en un pedazo de papel, voy a seguir escuchando música depresiva y mi teléfono va a seguir sin sonar. Soy una conchuda y me la banco. Chau

jueves

La humedad hace que mi pelo y yo nos veámonos incogibles. Y hoy casi me atropellan en Scalabrini Ortiz y eso me llevó a replantearme cosas. Mentira yo no me replanteo nada, yo idealizo. Idealizo, me compro semillas de quinoa y hago ayunos de 26 horas para purificar. Bullshit. Todos sabemos que lo único que me purifica son las pastillas para la gastritis y gastar 400 pesos en ropa. Hoy en Corrientes había olor a Aspirinetas y una nena con una mochila de Hello Kitty me sacó la lengua. Qué mundo de mierda.

martes


Con M nos hicimos amigas en la época de que Joss Stone era lo más y ay a mi también me gusta esa canción de Arctic Monkeys. Era la secundaria y yo la odiaba porque tenía uno de esos grupos de amigas que se ponen nombre y  todos absolutamente todos mis compañeros de banco - los que me contaban como se masturbaban, odié la secundaria- estaban atrás de ella. Cuestión, M se convirtió en la persona con la que escuchábamos Avril Lavigne a escondidas y mirábamos el vídeo de Hi there dalilah ochocientas veces. En esa época yo estaba enamorada de un chico idéntico a paturuzú que laburaba en una heladería y todos los viernes íbamos a pedirle ristretto y lo observábamos por horas. Casi seis años después, M es la única persona con la que cuento cuando estoy indispuesta y mi única solución es escuchar canciones de The Cure.
Me acordé de M después de escuchar esta canción

jueves

Me gusta que ahora seamos tres mujeres solteras, que una le lleve 20 años a las otras dos y que esté mil veces mas buena. Hello dear, no fue mi culpa heredar los peores genes. Lo lindo de vivir lejos es que me extrañan más, y lo lindo es que a los dos días se les pasa y nos peleamos por quien ocupa más lugar en la cama de tres plazas de Clau mientras discutimos quien de las Kardashian es la mejor. Y yo, acá, intentando enterrar el escaso cementerio que tengo atrás pero que vale como si tuviera enterrados a todos los músicos que murieron de sobredosis. Aunque la mayoría de mis muertos no muertos pueden llegar a morir de sobredosis. Mirá, a estas alturas lo único que necesito es que su nombre no contenga emes ni sea de virgo, ni use zapatillas deportivas, ni quiera más a una linea de merca que a mi. Si lo sé, estoy pidiendo demasiado pero en realidad, a estas alturas soy más feliz con una taza de café que con un pelotudo que me de besos en el cuello mientras interrumpe mi película preferida.

martes


Escucho el playlist de babasonicos dramático que decidí armarme en las últimas cinco horas mientras mi hermanita se rie de los chistes malos de un generación del 89 totalmente cagado del cerebro.
Si tiene hijos, nos gusta
Si es un pelotudo, nos gusta.
Si está cagado del cerebro, nos gusta
Si es un drogadicto,  nos gusta
Creo que es todo culpa de clau y el no pongo limites y sean aves libres en este nido de urracas para que dentro de veinte años no me odien y pueda echarle la culpa a ustedes de sus decisiones irresponsables de niñas independientes a los 13 años. No sé si yo seré una mejor madre pero definitivamente, con ese hippie de mierda a mi casa no entrás. Mis hijos me acompañarán a ciclos de cine y discutiremos sobre política exterior mientras tomamos café porque la infancia y papa noel son para los débiles. Ahora me alterno entre el juego de facebook del que mi madre me hizo adicta y la estufa mientras tomo mate. No me gusta el mate pero al parecer, en este mes estoy haciendo todas las cosas que no me gustan. Además, estoy llena de contradicciones