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miércoles

Hace treinta segundos estaba llorando y le decía a clau que estamos en el mismo lugar exacto que el año pasado. Qué putada, hasta hace una semana me sentía tan bien y marzo se encargó de convertirme en una piltrafa humana mocosa e hinchada. No, no estoy en el mismo lugar exacto que el año pasado: Dos trabajos hartantes, tres especímenes que me alteraron emocionalmente de esos que no fueron, 19 años, la in capacidad para lograr la armonía con el drama y una crónica de una madurez anticipada lograron que no esté en el mismo lugar que el año pasado. También darte cuenta cada dos semanas que la gente es una mierda y que un psicólogo se hace una fiesta con todos tus daddy´s issues. Hoy me levanté a las siete de la mañana con un mail de matu que decía que tengo que empezar a pasar factura a esa gente que de verdad me hizo mierda, a dejar de salir con pelotudos y que twitees menos quejándote de tu trabajo de mierda, los pelotudos que te quieren levantar y esas cosas. Ojo, no es una crítica, me encanta leer todo eso. Pero me parece que estás para más, para mucho más. Mis ataques de tristeza son una cadena que se incrementa todo el tiempo porque no tengo a nadie a quien abrazar mientras le lleno la remera o el hocico de lágrimas. Dios, necesito un perro
Salgo de trabajar. Microcentro. 20.03 pm. Carlos Pellegrini. Subte. Best Coast en los auriculares. El mar de Coral. Roomate medio dormido en mi hombro. 20.14. Llegar a casa. Café con leche con dos de azúcar. Gata ronroneando en el sillón. Fui feliz.

sábado

Me desperté únicamente para ir a abrirle la puerta a amiga de pelo rosa porque todos sabemos que va a ser un mal día si tenés que levantarte. Pero no. Entro de vuelta y mientras pienso en todo lo que tengo que limpiar y en todo lo que no tengo que comer -ya vas a odiar vivir sola y querer volver con mamá- encuentro una maxi taza de café con leche y una porción de pizza fría en la heladera. Además, quien se iba a imaginar que un sábado a las dos de la tarde iba a aparecer una ventanita titilante proponiéndome cocinar brownies por el simple hecho y placer de cocinar brownies. Yo me río mucho con estas situaciones y decido que la mejor alternativa al suicidio es agarrar mi libro de crónica periodística e irme a leer a una plaza llena de perros. Y que las once tazas se laven solas. Porque eso, todos sabemos que va a ser un mal día si tenés que levantarte

Hoy en "el flagelo de no tener internet todo un sábado a la mañana" presentamos una imagen mía recortando papel creppe y haciendo guirnaldas para todo el departamento, sumale el que encontré una carpeta con música vieja que creí que había borrado después de mi última adolescencia y cuando me di cuenta estaba cantándole Shakira a los gritos a la gata como si fuera mi madre un sábado a la mañana. También, para hacer honor a la histeria y a los dramas tradicionales de este blog, encontré conversaciones viejas guardadas. Conversaciones MUY viejas guardadas en las que yo convenzo a un tipo de casi treinta años de que la diferencia de edad no es tan terrible y veinte días después hablo con el que en ese momento era futuro chango, -el cual se convirtió en el señor de mis pesadillas dos años y seis meses después de conocerlo en un antro horrible lleno de cerveza tirada en el suelo llamado bar- y me tiraba cosas como "si no te compro con esto no sé" acto seguido me pasaba una escena de Átame!.  Tengo que aplaudirlo, supo meter las almodovaraciones correctas para conquistarme. No lo culpo, soy muy fácil.
Volviendo al tema del encuentro de documentos viejos, también encontré -aparte de las mil y una conversaciones guardadas con el chico al que ya no veo más y sigo extrañando horrores- algo que decía más o menos así "cuando te des cuenta de mi bipolaridad o cuando la cinta en tu boca te saque zarpullidos (???) me vas a mandar a la mierda".No puedo creer que no lo vi antes. Igualmente estoy orgullosa de mi yo a los dieciséis. Me dan ganas de volver al pasado y decir: Mirá Lucía, están todos locos, seguí viendo películas y tomando café que vas bien. Aunque tampoco me arrepiento para nada de haber escrito en algún momento de hace dos años atrás en un documento en blanco "Besos en San Telmo, viajes interminables en subte, peliculas de Aliens y libros de Zombies". Nada, tampoco lo pasé tan mal.

martes

Es todo risas hasta que de repente elegís comprarle un café con leche en jarrito a todos tus fantasmas de hace dos años mientras comés tostadas en este mundo paralelo, dormís dos horas y te levantas igual para ir a la facultad porque priorizamos cosas y gracias a dios que existe la siesta. Re loco, ayer hice un playlist de como dos horas con absolutamente todas esas canciones sentimentalistas que te hacen mierda, de esas que me gustan a mí, me tiré en la cama e hice lo que hace como dos menstruaciones que no hacía: Idealizar. Estuvo bueno porque ya no se me aparecen pelotudos-discapacitados emocionales con los que intenté tener alguna clase de relación/contacto íntimo/roce de encaje (hola ma) y no fue, sino que de las pocas cosas que vinieron a mi mente, rescaté el casarme en las vegas con un tipo con mucha barba y tener un rincón para que los hijos irónicos vietnamitas y adoptados que tendré algún día desarrollen su lado artístico y fumen marihuana a escondidas.

viernes

Ya sé que en mi afán por idealizar absolutamente todo termino llorando desilusionadamente por todo lo que no fue. Y cuando digo todo lo que no fue, aparte de parecer algún fragmento de una peli mala de Julia Roberts, me refiero a todas las cenas mexicanas, a todo el alcohol y a todas las tardes tirados en la cama hasta las 6 de la tarde que obviamente, no fueron. No sé, estoy en medio de un montón de ideas que no se ordenan y me torturan cada vez que pongo Galaxie 500 e intento dormir la siesta. Ni siesta puedo dormir, y eso era lo que más amaba en el mundo después de mi gata, lo juro.
El tema de las desilusiones y de idealizar absolutamente todo, es que llega mayo y te encontrás en una habitación que no es la tuya, leyendo apuntes que no son los tuyos, tomando café con leche en una taza que no es la tuya y preguntándote como llegaste a lo que más querías en la vida sintiéndote tan mal y tan culpable por todo. Si, culpable. Soy una pelotuda y me siento culpable cada dos palabras y un paquete de cereales. Culpable por todo, por todo lo que pasó, por todo lo que está pasando y por todo lo que va a pasar si no le pongo media pila a mi vida. No, no estoy deprimida ni ninguna de esas pelotudeces adolescentes que solían caracterizar mi existencia cinco meses atrás. Estoy angustiada. Pero angustiada bien, lloro sólo cuando veo a mis perros y hablo con mi mamá. El tema va a ser cuando dentro de tres horas, la angustia se transforme en bajón pre menstrual y me encuentre tirada escuchando Cat Power con roomie del otro lado de la puerta preguntándome si estoy bien.


Nadie me dijo que madurar iba a ser una experiencia tan de mierda. O sí y nunca quise escuchar.
Ya se que el rollo depresivo del que soy víctima hace cuatro años es aburrido, y sacando que me encante llorar, en este momento no tengo nada que me remonte a toda la mierda de la que me quejaba los años anteriores: Estoy en el lugar que quiero, estudiando la carrera que quiero, con la gente que quiero, haciendo prácticamente lo que quiero. Pero justo ahora vienen las palabras de clau a mi mente en que ahora ya no hay vuelta atrás, que si o si tengo que hacerme cargo de cosas que no me gustan. También me acuerdo de la letra chiquita de lo que también me dijo clau cuando comíamos torta de ochenta golpes: "Siempre vas a poder darte cuenta de que no era lo que querías, que te equivocaste, lo cual no está mal y volver a casa con mamá".
Ahora, ya, en este momento doy todo por volver a casa con mamá, por llorar viendo las películas malas que vemos y no llorar sentada adelante de esta computadora, en mi departamento vacío escribiendo esto. Pero te apuesto mis estrógenos a que si lo hago, a que si en este momento mando todo a la mierda, pasado mañana voy a estar llorando de nuevo porque me arrepiento y va a ser todo un ciclo sin fin.
Creo que hace tres líneas de este post que maduré, pero después veo el té con limón, los cinco bollos de papel mocoso arriba del escritorio y a Daria esperando para reproducirse y sigo teniendo dieciséis para siempre.

lunes

No puedo evitar quebrarme y llorar como pelotuda cada vez que hablo con Clau. Hoy cuando me bañaba pensaba en que clase de relación tendré con mis ¿hijos? (ja, dije hijos), creo que todos los errores que les criticamos a nuestras madres se saltan una generación y si ponele, mi abuela era una pesada y clau tuvo el don de la colgadez (don que le agradezco constantemente porque nunca se caracterizó por romper las pelotas) yo con mis hijos irónicos seré un horror de madre, de esas que los persiguen por todos lados para que no se caigan y los forran con burbujitas para que no se quiebren. Igual después de estas deducciones en la ducha me acuerdo de que odio a los niños y en mis planes futuros a cuarenta años no está gestarlos, así que se me pasa.
Volviendo a una realidad sin críos de por medio, no sé que clase de camino está tomando mi vida en la última semana. Cualquier persona normal y que llore un 90 % menos que yo se hubiera quebrado después de mandar SESENTA (si, dije sesenta) solicitudes de trabajo y no haber obtenido respuesta, pero yo lloro mucho y sigo adelante porque me dí cuenta que la redacción periodística no se me da bien y en exactamente cinco meses, cuando me de cuenta de que no es lo mío, voy a tener que tener un trabajo en donde me exploten para olvidar todas estas cosas, entonces sigo buscando.

viernes

Y cuando el colectivo entraba en capital federal después de casi un día de viaje, escuchaba Loveless y me apoyaba contra la ventana pude verlo todo: Mi vida en diez años, en seis meses, en tres días. Me vi teniendo un gato gris y comprando jazmines los sábados a la mañana.
También, tres horas después de eso caminábamos con juan mientras la calle se inundaba y caímos en la cuenta de que en este momento, el soundtrack de mi vida está encabezado por Belle and Sebastian. Para él mi vida sigue siendo una canción de Indie meloso, pero no me importa porque no creo dejar de ser una adolescente melosa nunca nunca más